100 años después de familia Stuckeley, otro caso que puede estar relacionado con vampiros humanos, ocurrió también en Rhode Island en 1890 a la familia Brown. Sin ningún motivo, Mary Brown, esposa de George Brown, comenzó a perder peso, a palidecer hasta que murió presuntamente de tuberculosis. Seis meses más tarde su hija Olivia falleció también.
Cuatro años después, Edwin, el único hijo varón de George Brown enfermó; parecía que correría la misma suerte de su hermana y madre. Por sugerencia de un amigo, Edwin se marchó junto con su esposa a Colorado para mejorar su salud. Mientras permaneció fuera de Rhode Island, su hermana Mercy cayó en cama y murió de forma inmediata.
Cuando Edwin se enteró de la muerte de su hermana, regresó a consolar a su padre, pero al mes de estar nuevamente en su tierra, enfermó y todo indicaba que moriría también. El señor Brown, desesperado, pidió autorización para exhumar los cuerpos de sus hijos con la esperanza de hallar alguna pista de Io que estaba ocurriendo.
Esa mañana del 17 de marzo de 1892 cuando sacaron los ataúdes estuvo presente el doctor Harold Metcalf, quien dio fe de los hechos. Al examinar los cuerpos descubrieron que efectivamente Mary y Olivia ya estaban en estado de putrefacción, pero el de Mercy no; parecía estar dormida.
Lo extraño con Mercy —además de no sufrir algún deterioro en su cuerpo— era que la hallaron en otra posición a la que la habían enterrado. Ante la duda, y teniendo conocimiento del caso Stuckeley, decidieron extirparle el corazón y el hígado, los cuales quemaron y guardaron sus cenizas. Las cenizas de un vampiro —se creía— podían salvar a sus víctimas, en este caso a Edwin, pero para mala fortuna de la familia Brown, eso no ocurrió.
Además —y lo más inquietante— es que antes de que Mercy fuera desenterrada, siete jóvenes más ya habían muerto con una herida en el cuello. Cuando quemaron los órganos de Mercy, todo lo anormal como las enfermedades, cesaron.
Mucho tiempo después, uno de los descendientes de la familia Brown declaró a un periódico de la ciudad de Exeter, que en su juventud hablo con una de las personas que ayudó a George Brown a exhumar los cuerpos, y que el señor Brown estaba convencido que su hija se había convertido en un vampiro.





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