LA FIGURA DE CERA




Antonio era un reconocido escultor de cera.
Debía salir del país durante unos días para asistir a una exposición, así que decidió llamar a su amigo Martin que vivía solo para que le hiciera el favor de pasar unos días en su casa, custodiando sus obras hasta que el volviera.
 Había sufrido un par de robos en el último año y no estaría tranquilo dejando su casa sola.
—Hola Martin soy Antonio, —dijo por teléfono Antonio—, tengo que salir unos días por trabajo y me preguntaba si podrías quedarte en mi casa hasta mi vuelta, puedes usar todo lo que necesites, te dejare la nevera llena y un ordenador para que estemos en contacto.
—Hola Antonio, —contesto Martin desde el otro lado del teléfono—, sin problemas amigo, además estoy de vacaciones estos días así que será como irme de hotel, jajaja.
Al llegar Martin a la puerta de la casa se quedó impresionado, era una casa enorme, un poco alejada del bullicio de la ciudad para su gusto, pero era lo que se supone necesita un artista para concentrarse o por lo menos eso decía Antonio.
Encontró la llave escondida donde le había dicho su amigo y entro.
Por dentro era un poco fría debido a la magnitud que tenía, las salas porque no se le podían llamar habitaciones, eran enormes.
Solo tenía amueblada su dormitorio que también usaba de despacho, otro de invitados, el salón, la cocina y un baño.
Todas las demás habitaciones las usaba para almacenar su trabajo terminado, bien fuera por temática o por composición, eran obras de arte, parecían reales, las había de animales, de personas, de muchos temas.
En la sala más grande es donde tenía ubicado lo que se podría llamar el taller, era donde les daba forma.
Cuando llego a esa sala en concreto mientras daba una vuelta para familiarizarme con lo que iba a ser su hogar durante unos días, se percató que, había una figura tapada con una sábana por encima.
Parecía un hombre o eso supuso por su volumen y supuesta forma.
Le extraño porque era la única, todas las demás estaban al descubierto, aunque le entraron unas ganas terribles de mirar no lo hizo no fuera a ser que fastidiara el trabajo de su amigo.
Después de ver un poco la televisión decidió irse a dormir.
A mitad de la noche a eso de las 03:00h, se despertó sobresaltado por un ruido que provenía de la sala grande donde estaba el taller.
Medio adormilado se dirigió allí un poco asustado dado los antecedentes de robo que había tenido Antonio.
Cuando abrió la puerta y después de una vista de reconocimiento su cerebro reacciono a algo que no le encajaba.
La figura tapada con la sabana no estaba.
Entonces empezó incluso a dudar de que la hubiera visto allí, igual estaba en otra habitación y se había confundido, pensó.
Un poco asustado se dispuso a volver a la habitación a intentar dormir, no tenía ganas de comprobar donde se encontraba la figura, ya la buscaría por la mañana, seguro que se había confundido, la casa era nueva para él.
Entonces al encarar el pasillo que daba a la habitación, un escalofrió recorrió su cuerpo, tuvo que apoyarse incluso en la pared, el corazón se le colocó en la boca de la garganta dificultando su respiración.
Estaba allí, la figura estaba en medio del pasillo, tapada con esa sábana blanca.
¡cojones como puede ser!, ¡que ostias pasa aquí!, pensó.
Cuando se tranquilizó un poco la cogió, y con sumo cuidado y la llevo a la sala grande.
Una vez allí, la dejo en medio de la sala y cerró la puerta con el pestillo que había por fuera y se fue a la habitación.
Le costó dormir por la situación, pero el cansancio le venció.
Cuando se despertó por la mañana se fue directamente a la sala.
—¡no poder ser!, —exclamo—, ¡qué coño pasa en esta casa!
La puerta estaba de nuevo abierta, la había cerrado por fuera, era imposible.
Martin volvió a cerrar, pero al dirigirse a la cocina hacerse el desayunó, la figura estaba allí, nuevamente, cubierta con la sabana, parada en la entrada de la cocina.
Esta vez sí ase asusto, tanto que no se atrevía ni acercarse, no la quiso ni tocar.
Decidió irse de la casa, y no regresaría hasta la noche para conectarse y hablar con Antonio y contarle todo lo que estaba ocurriendo.
Cuando regreso a la casa, armado de valor ya que llevaba todo el día concienciándose, se puso a buscar a la figura, pero no la encontró por ningún lado.
Se fue a la habitación para conectarse por internet y hacer una video-llamada Antonio, ya que era el horario en el que podían comunicarse.
—Hola Martin, ¿cómo estás?, todo va bien? —dijo Antonio al aparecer la imagen en el ordenador—.
—Antonio, en general todo está bien a excepción de lo que me está ocurriendo con esa figura que tienes tapada con una sábana en el taller, me pone los pelos de punta, seguro que no me crees, pero parece tiene vida propia, no importa que le cierre la puerta, sale y camina por todos los lados de casa, no me atrevo ni a quitarle la sabana, ¿qué imagen tiene?, —dijo Martin—, ahora mismo no se ni dónde está, tienes que decirme que sucede.
—Cálmate Martin, puedo ver en tu cara que estas muy asustado, tranquilo, —le dijo Antonio—, sin embargo, Martin no sé de qué me hablas, yo nunca cubro mis obras con sabanas ni con nada, y últimamente no hecho ninguna nueva, ¿pero?, ¿Martin has ido con alguien más a casa?, ¿Quién hay contigo Martin?, ¿Quién está detrás de ti tapado con una sábana?, ¡Martin!, ¡Martin!, ¡Martin!, ¿Qué haces?
Martin se dio la vuelta y allí estaba, parada detrás de él, alzo su mano y retiro la sabana, un grito aterrador envolvió toda la casa.
Las luces se apagaron, se hizo un silencio sepulcral y la comunicación se cortó.
Antonio volvió antes de su viaje, todo lo rápido que pudo, al ver que Martin no se había vuelto a comunicar.
Busco por toda la casa, pero Martin no estaba.
Pero al entrar en el taller se encontró una figura tapada con una sábana, se acercó y la retiro.
Lo que vio jamás podrá olvidarlo.
Era la figura de cera de su amigo Martin, con una expresión de terror en la cara como nunca antes había visto, reflejando lo último que vio… al morir.

A. MIRALLES.


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