En el pueblo wallenfels, lugar tradicional de Alemania, en el interior de un lujoso pub de moda, a altas horas de la madrugada se encontraba una joven muchacha de pelo corto moreno, alta, vestida de forma provocativa a la vez que elegante, no más de 23 años tenía.
Entre el alcohol, las luces y la música, comenzó a bailar de forma provocativa, hasta que atrajo la atención de un joven muchacho.
El roce entre sus cuerpos no se hizo esperar, el sudor aun los excitaba más.
Esa música invitaba a pegarse más, las manos de él no tardaron en entrar en contacto con sus nalgas.
Ella nada más lejos de retirárselas, emprendió su ofensiva.
Junto sus pechos al cuerpo del chico, tenía los pezones duros y este pudo notarlos.
Puso una de las piernas del varón entre las suyas y comenzó a subir y bajar al ritmo que le marcaba la música y su instinto.
Llevaba una falda corta que se hizo aún más con el movimiento, tenía las bragas empapadas y estaba mojando todo el pantalón del chico, metió su mano entre la camisa de este y lo empezó acariciar.
Acercando sus labios se fundieron en un beso que sobrepasaba los límites de la pasión para irse al deseo.
Sus lenguas jugaban entre sí, sus manos agarraban sus cabellos con movimientos circulares,la canción se acababa y ella también quería terminar.
Incremento sus movimientos y la presión sobre su sexo.
Estaba llegando al clímax.
Pocos segundos antes de terminar la canción su corazón se aceleró como un deportivo, cortándole la respiración y una serie de espasmos certificaron que ella se había corrido.
Cuando termino la canción, con la confusión de las luces la muchacha, se alejó de la pista perdiéndose entre la multitud, sin ni siquiera haber cruzado una palabra con aquel chico, solo quería esos cinco minutos, no lo necesitaba para más.
Cogió su abrigo del guardarropa y salió a la calle.
Estaba comenzando a llover, lo habían anunciado por la televisión, pero no había cogido paraguas.
Por su lado paso un hombre que le golpeo en el hombro, y cuando fue recriminárselo se dio cuenta que se le había caído un folleto.
Lo recogió y vio que era publicidad de una empresa de taxis.
¡qué suerte!, pensó.
Estaba empezando a llover más intensamente y después del calentón de hacía poco, lo menos que le podría pasar si le caía una tromba de agua encima era resfriarse.
Así que llamo al número del folleto, le llamo la atención que los números centrales eran 666, pero no le dio más importancia.
Curiosamente no tardo ni dos minutos y se detuvo ante sí un taxi de color rojo, nunca antes lo había visto de ese color, tenía los cristales tintados.
Abrieron la puerta de atrás invitándola a entrar, dudo por un momento, pero no quería llegar tarde a casa así que subió, los asientos estaban forrados y se sintió algo sofocada por la iluminación al tenue y rojiza, una música antigua de tango sonaba en su interior.
—¿A dónde se dirige?, —le pregunto el conductor con una voz ronca y seductora.
Tendría unos cuarenta años, lucia barba hípster, ojos color café, usaba boina y bufanda.
Su aspecto era muy atractivo y pícaro, aunque algo en su rostro sugería cierta maldad.
Pero entonces la chica observó por el retrovisor que él la observaba, la mujer se ruborizó y aparto la mirada, ella tímidamente contesto la ubicación de su domicilio y le entrego los billetes.
Era extraño, lo lanzada y dominante que había sido hace unos pocos minutos y ahora ese hombre la cohibía o quizás le imponía respeto a la vez que atracción.
—En camino, —exclamo el conductor—.
Esa voz le hacía estremecer.
El taxista doblo el volante y giro en la primera calle, sin embargo, en ese momento no sabía que estaba en peligro, estaba en riesgo su vida.
En aquel pueblo alemán existía un mito que las madres contaban a sus hijos para mandarlos a dormir temprano.
El mito era bastante parecido al que todas las madres cuentan en cualquier parte del mundo les cuentan a sus hijos, si no te portas bien vendrá el viejo del saco, él coco, etc… para llevárselos y nunca más volver.
Pero esta leyenda alemana en particular hablaba de un demonio que salía a la caza de niños que seguían despiertos en la noche y si él los pillaba los devoraba. Luego este mito evoluciono y fue mutando.
Su madre le conto el mito actual cuando era pequeña, el cual decía que este demonio se las ingeniaba para atrapar a la juventud que andaba hasta alta horas de la noche por la calle, de este modo tomaba el cuerpo de un taxista.
Se le conocía como Father teufel, pero ella nunca creyó la historia.
Cuando ya se hizo adolescente la leyenda de Father teufel volvió a cambiar, era según las edades, entonces se decía que no solo los devoraba y capturaba su alma si no que seducía tanto hombres como a mujeres, hasta el punto de hacer con ellos sexualmente lo que quería.
Ya siendo adulta se volvió aficionada a las salidas nocturnas y fiestas, sin hacer caso de las leyendas.
Solo alguna que otra vez pensaba si sería real que Father teufel estaba rondando por las calles.
Hace solo unos pocos meses atrás un tío suyo rico había muerto, y como su familia era la más cercana en su casa cayo toda la fortuna de la herencia.
Sus vidas habían cambiado.
Vivía ahora con su madre en un lujoso apartamento y se volvió una mujer apegada a la buena vida y a la soberbia.
El taxista había encendido un cigarrillo, tomo una bocanada y lo limpio en el cenicero.
—¿a qué te dedicas?, —le pregunto el taxista—.
Desconfiada dudo en responder, pero finalmente dijo, —diseño lencería de mujer—.
—vaya, mmm, que interesante y provocador—, respondió el taxista dando otra bocanada a su cigarrillo.
De vez en cuando la miraba de reojo por el retrovisor, le ponía nerviosa a la vez que le gustaba.
El taxi se detuvo ante un semáforo en rojo.
Entonces el brazo de él se estiro hacia la rodilla de la chica y la empezó a acariciar.
—veo que llevas ligueros, —dijo el taxista—.
La mano empezó a subir desde su rodilla a su muslo, ella intento retirar la mano la vez que bajarse un poco la pequeña falda, aunque sin mucho ímpetu, le estaba gustando la situación, pero le provocaba miedo también.
Era como alguna de las fantasías que tenía alguna vez.
Intentaba resistirse, pero a su vez quería que no parara.
Entonces sus dedos llegaros hasta su sexo, retiro con gran habilidad el pequeño tanga y uno de los dedos se topó con sus labios, es entonces cuando intento abrir la puerta, pero el sistema de cierre estaba echado.
—mmm, veo que te gusta pese a todo, estas mojada, —le dijo con esa voz sensual y cautivadora—.
El semáforo se puso en verde y arranco el coche.
—No me diga ese tipo de cosas, ¡deténgase!, me quiero bajar, —dijo la chica —.
—No, no puedes bajarte, —respondió él—
¿Por qué?, —replico ella—.
—Por qué ahora estás condenada, —dijo el—, y entonces el taxista se empezó a reír diabólicamente.
Mientras él hablaba, secretamente la chica saco su móvil y quiso marcar a la policía, pero no tenía cobertura, algo dentro del coche deshabilitaba la cobertura.
Entonces se empezó a desesperar.
—Escúcheme, tengo dinero si usted me deja bajar le daré lo que quiera, —dijo ella—.
—No, no quiero dinero...pero...te lo cambio por carne, —replico el taxista esbozando una sonrisa—.
—¡Que!, —grito ella—.
—Soy un dios del sexo, — respondió él—.
Ella sintió terror en las mismas proporciones que excitación sin saber el motivo.
—Mi apartamento no está por allí, —agregó ella al ver que el taxista tomo la calle del otro lado—.
—Nunca dije que iríamos a tu apartamento, —se sonrió él—.
El taxista, piso el acelerador, parecía que se alejaban de la ciudad.
Ella empezó a gritar desesperada pidiendo auxilio, pero las calles estaban vacías. Nadie absolutamente nadie la podía ayudar.
Hasta que por fin el taxista se detuvo frente a un local que parecía abandonado-.
Él se acabó su cigarrillo y lo dejo en el cenicero.
Lentamente se acercó a la chica, muy pegado rostro con rostro y le dijo, —ya sabes lo que te espera.
Ella no podía moverse, entonces el hombre junto los labios con los de la chica y la beso apasionadamente.
Sintió una enorme excitación rindiéndose ante la sensualidad de aquel hombre.
Luego ella le tomo el rostro con ambas manos y mirándolo fijo le dijo, —Dime más, dime de dónde vienes, quien eres—.
—Vengo del reino del infierno, donde hay muerte y castigo, donde habitan los demonios, —le dijo—, soy uno de ellos.
la chica se dejó llevar rindiéndose ante la sensualidad de aquel hombre.
—¿aún no sabes quién soy?, soy el Father teufel, —dijo el hombre—, me alimento de sexo y dolor en las mismas proporciones, tanto de hombres como mujeres, les saco el aliento llevándome sus almas conmigo.
Ella se vio dominada por un profundo deseo que no podía combatir junto con mucha lujuria y se arrojó sobre él para seguir disfrutando de sus labios como si no hubiera un mañana.
Casi sin darse cuenta el demonio la saco del taxi y apoyándola contra el capo del coche empezó a besarle todo el cuello hasta bajar a sus pechos, arrancándole los botones de la camisa con una sutil mezcla de sensualidad y dominación.
Ella comenzó a notar un bulto que le oprimía entre sus muslos, era su pene.
Es inmenso, pensó para sí misma.
Aquel miembro duro y grande quería poseerla a toda costa.
La cogió por la cintura y la apoyo en la suya, ella cerro las piernas a modo de abrazo y entraron en el local.
Dentro había una alfombra color rojizo en el suelo, la tumbo sobre esta y comenzó a quítale los ligeros y las medias mientras continuaba besándola.
En un momento dado sintió un gran escozor en los labios, no pudo evitar dar un grito, unas gotas de sangre resbalan por su boca.
Le arranco de un tirón el tanga, y cuando estuvo totalmente desnuda, se quitó el cinturón que llevaba y poniéndole las manos detrás de la espalda la ato.
Estaba totalmente a su merced y ardía en deseos de que le hiciera el amor, de ver lo que escondía, de que la hiciera gozar.
El Father teufel se desnudó, y la muchacha no pudo más que soltar una exclamación, ¡dios mío!, al ver el miembro del demonio.
El de rodillas sobre la alfombra, agarro a la muchacha por la cintura y la acerco hacia el lentamente, hipnotizándola con su mirada.
La recostó sobre sus muslos y comenzó a penetrarla poco a poco, ella echo la cabeza hacia atrás, mordiéndose los labios, mientras sus ojos se volvían blancos entre una mezcla de dolor y placer.
Hicieron el amor durante varias horas y diversas posturas, gozo como nunca lo había hecho y como nunca lo haría.
En un momento dado, el Father teufel alargo la mano hacia su ropa y saco un cuchillo, la chica quedo aterrada, le paso el cuchillo por toda la cara bajando luego por su cuello, por sus pechos, hasta su estómago, se acercó y la beso por última vez llevándose junto con el aliento su alma.
—Desaparece de aquí, ya me has dado todo lo que quería, —le dijo susurrando el demonio—.
Corto el cinturón con el cuchillo y le abrió la puerta del local.
Después de unos segundos ella salió del local y camino con un ligero mareo por las calles.
Una vez ella estando sola, pensó que, aunque estaba condenada el rato tan grande de diversión había valido la pena.
Aunque bueno había perdido el alma.
Pero entonces ella se preguntó ¿que era perder el alma?, con una sonrisa, pensando que quizás simplemente le habían tomado el pelo.
Torpe siguió andando.
Sin darse cuenta, con la mirada en el suelo vio una luz que se acercaban a toda velocidad, era un coche, estaba en medio de la carretera, se puso las manos sobre la cara por la luz deslumbrante y ante la inminente colisión.
El coche paso por medio de su cuerpo como si ella no estuviera allí.
Es entonces es cuando se dio comprendió que era… perder el alma, estaba condenada a vagar.
A. MIRALLES.





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