Me estaba preparando para la noche de brujas.
Quería darle una sorpresa a mi chica.
La tarde del 28 de octubre fui en taxi a recogerla al trabajo, eso era extraño.
Le dije que tenía una sorpresa preparada, así que le puse una venda en los ojos, como si de un juego se tratara.
Le hice una señal con la cabeza al taxista para ir al destino predicho, como habíamos acordado.
Sandra reía a carcajadas nerviosas, por el silencio y nuestro secretismo pagano. —¿Arturo de qué trata todo esto?, —me pregunto Sandra—.
—Lo averiguaras muy pronto, —le conteste con una sonrisa—.
Cuando llegamos al lugar, la ayude a bajar del taxi y le quite la venda.
Ella abrió los ojos como platos y con tono de ilusión exclamo.
¡aeropuerto de barajas!, ¿no me digas que vamos a donde creo que vamos?,
—dijo con gran alegría—.
Entonces pronuncie una frase célebre en el mundo del cine de terror.
Bienvenida a mi morada, entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae
Ella me interrumpió casi gritando, ¡Transilvania!
Así fue.
Me la llevé a Transilvania para celebrar la noche de Halloween.
Compartimos días maravillosos, antes de la esperada fecha.
Al fin se llegó el día.
La música y el jolgorio se colaba por las ventanas del hotel, nuestra ilusión se asomaba a nuestros corazones.
Estábamos preparando los disfraces.
Ella se vistió de dama gótica.
Con un pelo azulado precioso y los labios pintados en rojo sangre que impactaban con sus preciosos ojos color miel.
Un escote de los de quitar el hipo y una falda que si le hubiera quitado más tela solo la podría haber usado de culotte.
El pelo le caía por su preciosa espalda prácticamente desnuda.
Estaba realmente espectacular.
Yo me disfrace de vampiro, lo típico por aquellos lares y más concretamente del Drácula de Bram Stoker en su versión joven, con sombrero de copa y gafas estilo Elton John.
Yo también tenía mi punto sexy.
La gran fiesta comenzaba en el castillo de Bran cerca de Braşov.
Después de una obra teatral sobre vampiros, el grupo de personas allí reunidas haríamos un tour por las zonas de ocio a las afueras del castillo, bares, tiendas, librerías.
Todas las calles estaban decoradas con los típicos adornos de aquella festividad. Lo que más me gustaba es que las calles tan sólo se iluminaban con cientos de pequeñas velas, parecía un cementerio viviente.
Se respiraba una magia brutal en el ambiente.
A todos los turistas nos enamoró la noche transilvana.
A las doce de la noche todos los presentes nos detuvimos.
Guardamos silencio durante un minuto para orar interiormente por nuestros difuntos, el silencio del momento sólo cortado por las campanadas de una vieja iglesia lejana, ponía los pelos de punta.
La fiesta daría a su fin en una moderna discoteca, decorada con todo lujo de detalles.
La entrada constaba de barra libre, cotillón y cena fría.
Sandra y yo no paramos de bailar, beber y provocarnos durante toda la noche, incrementando la sensualidad a medida que pasaba la noche, diciéndonos cosas picantes al oído.
Sexualmente ella y yo nos compenetrábamos perfectamente, tan sólo nos bastaba una mirada para irnos a la cama.
Así que dos horas antes del amanecer pusimos rumbo de nuevo al hotel para rematar la noche de forma apasionada.
Todo salió perfecto ese año.
Hoy exactamente se cumple un año de aquella noche perfecta, pero todo cambia en la vida.
Hoy, en esta nueva noche de brujas, me dispongo a compartirla con otra mujer, Valeria.
Le hice el mismo juego del taxi, se mostró entusiasmada al viajar a Londres por primera vez.
La noche de Halloween en Transilvania me gustó mucho, pero deseo que Londres sea mejor.
Voy a esforzarme más que el año pasado para que mi pareja tenga un gran final, espero superar mi despedida con Sandra.
Le otorgue la vida eterna con un cuchillo muy afilado, justo en el momento de terminar de alcanzar el clímax haciendo el amor.
Segundos después de degollarla acerque mi lengua a su herida para absorber toda la sangre posible, haciendo honor al personaje del no muerto que poseí en esas fechas.
Esta noche iré disfrazado de Jack el destripador, así que podéis imaginaros el tipo de final que le espera a mi querida Valeria.
Llevo cinco años repitiendo la misma frase en cada baile, y ninguna chica ha sido lo bastante inteligente para darse cuenta de mi verdadera intención.
Yo soy fiel en mi forma de actuar, les doy alguna pista para que tengan la oportunidad de huir, solo espero que Valeria se dé cuenta de mis oscuras intenciones, para darle al final un giro inesperado y emocionante a la historia, cuando en la discoteca le susurra al oído, deberías de tener cuidado, es peligroso bailar con la muerte.
Jajaja…





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