LOS CABLES DE CONSOLA




María José era una mujer fuerte, guapa e inteligente, a la que la vida no le había tratado muy bien en especial los dos últimos años.
Como cada mañana el despertador sonó a las 07:45h, se levantó y después de asearse se dirigió a la cocina a preparar el desayuno.
Después de unos minutos de habituarse a la dimension de los despiertos y de ojear su móvil en busca de ponerse un poco al día con las noticias, sé dirigió a una pequeña habitación al lado de la suya.
—Andrés, cariño, despierta hay que ir al colegio, —le dijo con voz cariñosa a su hijo—.
Allí enroscado en unas amorosas sabanas de Bob esponja estaba Andrés.
Era un niño de 8 años, muy inteligente y guapísimo, inquieto y fanático de los coches.
Intentando acostumbrarse a la luz y mientras se frotaba los ojos le dijo a su madre.

—mama, he hablado con papa, —dijo el niño—.
—Andrés ya hemos hablado de esto muchas veces, no empecemos por la mañana, —le contesto su madre—, sin casi dejarle hablar y con un tono de enfadada.
—pero mama, enserio, me ha dicho que arreglemos la consola para poder jugar conmigo, —replico Andrés—.
—me parece muy mal que te inventes estas cosas solo para que compremos los cables de la consola, tu padre se fue hace dos años y hemos hablado muchas veces de esto, —contesto María José—, sabes que no podemos permitírnoslo.
—¡pero mama!, —intento Andrés intervenir—.
—ni mama ni nada, venga a desayunar que llegaremos tarde al colegio, ya hablaremos de esto por la tarde, —dijo su madre—
Cuando llego la tarde noche María José evito hablar del tema, no quería abrir esa herida y oteaba un problema en el horizonte como una tormenta que se acerca.
Andrés llevaba varias noches diciendo que hablaba con su padre, curiosamente desde que se le rompieron los cables de su consola con la cual decía jugaba con su padre, ella había dejado pasar ese tema entendiendo que era un mecanismo de recuerdo de su hijo para no desligarse de su padre.
Pero empezaba a preocuparse.
—venga Andrés a dormir, —le dijo su madre—.
Andrés se fue sin rechistar, incluso de buena gana, como si quisiera dormirse para empezar a soñar.
—hola cariño, —oyó una voz masculina Andrés—, que tal has pasado el día, ¿ya habéis comprado los cables?
—¡hola papa!, —dijo Andrés dentro de su profundo sueño—.
Se encontraba sentado delante de su padre, hablando con él, estaba igual que hace dos años cuando se fue.
—no papa, —contesto Andrés con tristeza bajando la cabeza—, mama no quiere comprarlos, dice que no podemos permitírnoslo y cree que me lo estoy inventando solo para arreglar la consola, que no hablo contigo por las noches y que no jugamos juntos, te echo de menos solo puedo hablar contigo por las noches, ¿y si no sueño?, ¿si no me puedo dormir?, no quiero eso ocurra y me apetece que sigamos haciendo carreras de coches.
—tranquilo cariño, —dijo su padre—, es normal que tu madre no se lo crea, solo intenta protegerte, creo podemos hacer algo, acércate.
Andrés se acerco a su padre, incluso en sueños podía oler su colonia, algo que percibía su madre todas las mañanas, pero creía que el chico se la echaba intentando recordar a su padre.
El padre le susurro algo al oído.
—vale papa, así lo haré, —dijo Andrés—.
A la mañana siguiente María José realizo el mismo ritual de todos los días, solo con una diferencia.
Andrés apareció por la cocina antes de que su madre le despertara.
—mama, —dijo Andrés—. tengo que decirte algo que me ha dicho papa.
—que haces levantado ya cariño, —dijo María José—. No vamos a empezar con la misma martingala de todos los días, ¿verdad?
Con aquel sexto sentido que tienen las madres, ella sabia de que iba el tema.
—déjame te diga mama, por favor, —dijo el niño—.
—dime lo que tengas que decirme, pero ya se termina aquí, para mí también es duro, pero no podemos estar todos los días así, —dijo su madre en forma de ultimátum—.
—papa me ha dicho que te de las gracias, —dijo Andrés—.
—¿las gracias?, no será una estrategia tuya Andrés, —dijo su madre extrañada—, ya me parece mal que mientas, pero no manipules para conseguir lo que quieres.
—no mama, solo quiere darte las gracias por algo y así sabrás que es el, eso me ha dicho, —dijo Andrés—.
Sin haber entendido el mensaje de su padre, pero teniendo la esperanza de que su madre si lo haría.
—a ver dime, —dijo su madre resignada—.
—me ha dicho que gracias por seguir escribiendo con su nombre, — dijo Andrés sin entender el mensaje—, que sabes que para él era importante.
La cara de María José cambio en décimas de segundo, se puso pálida y los bellos se le erizaron, incluso pudo sentirlo en ese mismo momento allí.
Su hijo no podía saber ese secreto.
Al igual que Andrés soñaba con el y jugaba a la consola con su padre, María José lo permitía porque ella también tenía su método de sentirse cerca de él, y ese método no era otro que mantener vivo un blog en el que su marido escribía sus tontadas como él decía.
Ella después del accidente mortal de su marido encontró en ese método el seguir unida a él y simplemente se dedicaba a escribir sin más intención que mantener vivo su recuerdo.
María José y Andrés se fundieron en un abrazo intenso, los dos lloraron, pero esta vez de alegría, sabían que el nunca los dejaría, siempre estaría allí, sabían que siempre buscaría la forma de comunicarse.
Sin perder un segundo mas se fueron a por unos cables de consola y mientras Andrés preparaba una carrera “con su padre”, María José comenzó a escribir estas líneas sin mucho sentido para la gente, pero de suma importancia para ellos.

P.D: -PARA VOSOTROS, KISS.


2 comentarios:

  1. Lo más bonito en esta vida es tener presente y sentirla a nuestro lado a la gente que queremos y se nos ha ido.
    Siempre estaran muy vivos en nuestro corazon.

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  2. Correcto, cada uno busca la forma que le es mas sencilla, familiar y necesaria para recordar a los suyos.
    Todo vale, lo importante es no olvidar.

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