La familia Stuckeley se conformaba por los padres de familia y 14 hijos, todos eran granjeros. De forma inexplicable los hijos comenzaron a morir, aparentemente de tuberculosis. La primera en fallecer fue la hija mayor, Sara; después murieron cinco hijos más y fueron enterrados en el cementerio del pueblo Exeter.
Lo macabro se dio tiempo después cuando los hermanos pequeños de Sara les dijeron a sus padres que ella los había visitado la noche anterior. En un principio no les creyeron, pues aún no se reponían de la pena de perder a sus hijos, pero una noche la madre vio a Sara.
El señor Stuckeley pidió autorización para exhumar los cuerpos de sus hijos y comprobar que realmente estaban ahí enterrados. Al sacar a los seis, halló que Sara —quien fue la primera en morir— se encontraba en perfectas condiciones, como si la hubieran enterrado un día antes, mientras que los demás ya estaban en avanzado estado de putrefacción.Lo que se hizo a continuación fue abrir el cuerpo de Sara, sacarle el corazón y quemarlo. A partir de ahí —a pesar de que un hijo más murió— no se vio de nuevo deambular a la hija del matrimonio Stuckeley





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